Amigdalitis: más que un dolor de garganta

La amigdalitis es la infección de las amígdalas palatinas, unas glándulas situadas al fondo de la cavidad oral, por debajo del paladar, y es una de las infecciones más frecuentes en la infancia. Cuando las amígdalas se infectan, sufren una inflamación y aumento de tamaño, dando lugar a sus signos más comunes: dolor de garganta y fiebre.

Síntomas

  • Dificultad para deglutir
  • Dolor de oído
  • Fiebre, escalofríos
  • Dolor de cabeza
  • Dolor de garganta que dura más de 48 horas y puede ser fuerte
  • Sensibilidad de la mandíbula y la garganta
  • Mal olor en la boca

Tratamiento

Si los exámenes muestran que en realidad se tiene estreptococos, el médico dará antibióticos. Es importante terminar todos los antibióticos como indica, incluso si se siente mejor. Si no los toma todos, la infección puede reaparecer.

¿Cómo evitar el contagio de amigdalitis?

El contagio de la amigdalitis se produce, generalmente, por el contacto directo con personas enfermas de esta afección, a través de la saliva que pueden expulsar al toser, estornudar o hablar que contendrá virus o bacterias. De este modo, si alguno de tus familiares, tu pareja, compañeros, tiene amigdalitis, deberás tomar nota de las medidas para tratar de no contraerla.

Ante todo, será necesario lavarse las manos frecuentemente al estar en contacto con personas que padecen inflamación de las amígdalas. De esta, evitaremos que los gérmenes puedan entrar en nuestro organismo

Así mismo, se recomienda evitar el uso compartido de vasos y cubiertos, ya que es una fuente directa de contagio de la amigdalitis. Por ello, los utensilios del enfermo deberán mantenerse aparte y lavarlos con jabón y agua caliente; obviamente, tampoco se deberán compartir objetos de higiene personal como el cepillo de dientes, que incluso se recomienda que sea sustituido después de la infección. Los besos en la boca en caso de que una de las personas esté enferma pueden ser también una forma de contagio de la amigdalitis.