Más allá de Kandinsky




Pequeños Mundos de Kandinsky llegó a su fin para cerrar el ciclo 2018 – 2019 en el Palacio de Bellas Artes, siendo una de las exposiciones más bellas.

Por Omar Ramírez

 

Pequeños mundos vivió varios días en el Palacio de Bellas con el fin de presentar las mejores obras de Vasili Kandinsky, así como curiosidades y una manera de apreciar el mundo de este artista.

Kandinsky fue un pintor ruso considerado el primer artista de lo abstracto con reconocimiento por usar la psicología del color, la geometría y representar la música en colores mediante sus pinturas (ya que es un artista kinestésico).

Esta exposición representó su crecimiento artístico acompañado desde el impresionismo hasta lo abstracto. Para una mejor experiencia, se le ofreció al público asistente una lista musical creada específicamente para acompañar cada obra.

Y no fue una idea locochona en la instalación, ya que, algo importante para Kandinsky era la inspiración que encontraba a través del sonido.

Se sabe que el artista estudió violonchelo y piano. Justamente sus conocimientos musicales lo llevaron desde lo figurativo hacia la fundación del arte abstracto.

“Los violines, los profundos tonos de los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento personifican para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Vi todos los colores en mi mente, estaban ante mis ojos. Líneas salvajes, casi enloquecidas se dibujaron frente a mí”

– Kandinsky.

 

En el recorrido, se dispuso de módulos con audífonos y .mp3 de distintos artistas. Como Aleksandr Nikoláievich Skriabin con Poema del éxtasis. También sonó Modest Mussorgsky con Cuadros de una exposición (1874).

También su pudo escuchar a Karlheinz Stockhausen con su pieza Stimmung, la cual dura una hora con 14 minutos. Y al húngaro György Ligeti con Lontano.

Gracias a Pequeños mundos se pudo apreciar el arte de Kandinsky. Lo bello e hipnotizante de sus colores; podías llegar a sentir las texturas de cada elemento dentro de la pintura, su geometría tan estética hacia placentero estar parado frente al lienzo.

Un gusto estar en la sala observando sin temor a que caminara el tiempo, se analiza cada espacio entre trazos, imaginando lo que esa pintura representa para uno mismo y, desde luego,  queriendo interpretar qué pasaba por la mente de Kandinsky.

Los asistentes fueron afortunados de presenciar el trabajo de uno de los artistas más influyentes en el arte contemporáneo, y seguramente salieron más que satisfechos y un poco abstractos.