Bajadasaurus: un dinosaurio más a la familia




Investigadores argentinos descubrieron una nueva especie de dinosaurio: Bajadasaurus pronuspinax.

Por Samantha Aburto Mastache

 

En días pasados se dio la noticia de una nueva especie de dinosaurio hallada en Argentina. Se trata del Bajadasaurus pronuspinax.

Este gigante herbívoro, de casi nueve metros de longitud tiene enormes espinas en el cuello y espalda.

El hallazgo paleontológico es el primero en el mundo que puede investigarse con mayor rigor gracias a la conservación de su cráneo, el cual fue encontrado en Neuquén, provincia argentina donde se encuentran rocas de más de 140 millones de años de antigüedad.

 

 

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Bajadasaurus pronuspinax, es decir, “lagarto de bajada con las espinas hacia adelante” hace referencia a sus características:

Bajada, en relación al lugar donde se hizo el descubrimiento (Bajada Colorada); saurus, en griego significa lagarto.

Pronus, en latín quiere decir inclinado hacia adelante y spinax, en griego significa espina.

Los huesos de este nuevo dinosaurio fueron descubiertos en 2013, considerados los más preservados de un dinosaurio dicreosáurido en todo el mundo.

Se logró recuperar el 80% del cráneo, las primeras vértebras del cuello y una de la parte media.

Juan Ignacio Canale, uno de los paleontólogos que lideraron el hallazgo comentó:

“Hemos encontrado un cráneo bastante completo. De hecho en la familia a la cual pertenece el Bajadasaurus, que es la familia de los dicreosaurios, es el cráneo más completo que hay”

Tras el estudio de los dientes y de la mandíbula, los investigadores concluyeron que la dieta de Bajadasaurus consistía en pequeñas plantas, helechos y coníferas.

La particularidad de la especie recae en tener las espinas neurales de las vértebras del cuello sumamente alargadas.

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Imagen: Conicet

 

Estiman que este dinosaurio las utilizaba a modo de defensa al momento en el que se alimentaba, al ras del piso, comiendo vegetación muy baja.

 

¿Cuál es el proceso para desenterrar los restos de un dinosaurio?

A partir de fósiles es posible resucitar a las criaturas más gigantescas que pisaron  la Tierra y que desaparecieron hace unos 65 millones de años.

Paleontólogos y restauradores trabajan conjuntamente para reconstruir el imponente aspecto de los dinosaurios que se exhiben en museos.

Lo complicado es encontrar el esqueleto completo de algunos ejemplares, como ocurrió con Europelta Carbonensis, un dinosaurio hallado en el yacimiento de Santa María en Ariño (Teruel).

Suelen pasar muchos años desde que inicia una excavación hasta su exhibición en el museo. Es un proceso largo y costoso que en la mayoría de los casos aplican:

  • Voladura: Para hasta el fósil quizá haya que utilizar dinamita o retirar con maquinaria toneladas de roca de las capas superiores.
  • Extracción lenta: empleando martillos y taladros de dentista se va desmenuzando la roca que aprisiona los huesos.
  • Limpieza: hay que utilizar cepillos suaves para retirar la tierra y piedras para no dañar los viejos huesos. Las piezas dañadas o a punto de romperse se recubren con pegamento especial, para endurecerlos.
  • Fotografías: Los huesos se fotografían en el lugar donde se hallaron antes de moverlos. Es importante tomar la postura en que yacía el animal. Además  las pistas del terreno ayudarán a esclarecer su muerte y el medio que le rodeaba.
  • Búsqueda de pistas: Las rocas de los alrededores se examinan porque se puede encontrar restos de más huesos que puedan pertenecer al rescatado.
  • Reconstrucción: se enumeran y clasifica cada fragmento de hueso.
  • Transporte: al sacar los huesos a la superficie son envueltos en papel fino; después en vendas de escayola o en cubiertas especiales de espuma que se endurece, para protegerlos cuando se lleven al laboratorio.

Una vez en el laboratorio el trabajo continúa:

  • Se redacta un informe sobre su estado de conservación.
  • Con ayuda de un microscopio y una fresa de dentista se va desgastando la roca que rodea el hueso, conocida como matriz.
  • Se rellenan las fisuras e inyecta un pegamento especial en la roca para detener su fragmentación.
  • Hay casos en los que se sumerge el hueso en una cubeta con ácido para disolver las capas de la matriz.
  • Con un pincel, agua y jabón se limpia el polvo de la superficie.
  • Se realiza una ficha por ordenador de cada hueso.

Claro que todo depende de la cantidad y estado de conservación de los fósiles que desentierran. La recreación de su aspecto es más o menos realista comenzando con una maqueta.

Por todo este proceso tuvo que pasar el Bajadasaurus pronuspinax. Su réplica se presentó al público en el auditorio del Museo Nacional de Antropología Bachmann, el pasado 5 de febrero.